Trabajo Social

Elucidando en Trabajo Social.

“Se empieza por casa…”

Refrán popular.

Hoy por hoy, y casi desde que la profesión comenzó a interpelarse acerca de su real identidad, en la década del ’70 aproximadamente, Trabajo Social se asume como una disciplina que apuesta, no sólo a la interdisciplinariedad, sino a la transdisciplina, lo cual no significa otra cosa que ahondar en una superficie que deja entrever la existencia de un “más allá” superador en la intervención profesional, un salto cualitativo que, por ahora, parece seguir siendo utópico, por referirlo de alguna manera. En alusión a esto, no se puede obviar, entonces, el tema de la intersectorialidad. Suponiendo un intento de fructífero y bienintencionado “trabajo en red”, con el enfoque puesto en lo transdisciplinario, Trabajo Social apela a la articulación entre distintas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, que se encuentran de turno en la coyuntura socioeconómica y política en que les toca coexistir.

Ahora bien, me atrevo a mencionar que existe un punto cuasi definitorio que no debe dejar de considerarse, ya sea desde el principio o bien en el transcurso del ejercicio profesional, teniendo en cuenta que, al menos en Trabajo Social, los pasos del proceso metodológico no suelen darse de modo ordenado y consecutivo. Hago referencia, por lo tanto, al tan alavado “trabajo en equipo”, el cual se postula como recurso por excelencia con el que cuenta el trabajador social. Desde la llamada Reconceptualización del Trabajo Social se ha puesto de manifiesto la necesidad de dicha forma de ejercicio profesional, como instrumento, por un lado indispensable, dada la naturaleza de la tarea diaria y teniendo en cuenta la complejidad de las problemáticas sociales, que no alcanzan a abordarse valiéndose de una única mirada profesional y por otra parte, la ya sabida y antes mencionada implicancia de seres humanos que involucra a otros seres humanos en el abordaje de situaciones sociales protagonizadas por seres humanos.

Cuando el Trabajo Social se lleva a cabo al interior de una institución, sin importar si es esta de orden público o privado, muchas veces y tomando en consideración lo anteriormente expuesto, se respeta el espacio de “supervisión” o “reunión de equipo”, como parte necesaria y que vuelve más saludable a la rutina de trabajo diaria. Es en este aspecto sobre el que pretendo detenerme: si bien se ha pensado en la necesariedad de este espacio, ¿se ha analizado cómo se desarrolla el mismo? Trabajo Social admite que así es pero al interior de los equipos de trabajo que ejercen la profesión, en la vorágine diaria, se pierden algunos aspectos relevantes a considerar. Y es sobre este tema que hoy nos preguntamos: ¿Es posible continuar acercándonos hacia una autonomía identitaria si no reconocemos como válidas otras formas de abordaje y respetamos la pluralidad de miradas y enfoques profesionales dentro de la propia disciplina? Ante esto, resulta importante poder repensar no sólo el espacio de supervisión propiamente dicho, sino en si lo reflexionado en él se traduce genuinamente en el accionar concreto. ¿Se es capaz de respetar los diferentes modos discursivos y aún los silencios y las omisiones del compañero de trabajo, perteneciente a la misma disciplina social? ¿Somos generadores de buenas prácticas, en el sentido de la complementariedad con el otro, “colega”?

Antes de pensar en la interdisciplina y la intersectorialidad, ¿hemos repensado la construcción de nuestra identidad profesional a la luz de la tolerancia ante diversos enfoques de intervención, que pueden resultar enriquecedores de la propia mirada y hasta contribuir de manera positiva en el hallazgo de la tan preciada “identidad profesional”?

Trabajo Social posee una cualidad con la que otras disciplinas, por su naturaleza, no cuentan. Y esto no es más que la posibilidad de valerse de diversos actores sociales, provenientes de diversos espacios historicopolíticos. Por lo tanto, también se hace necesario y, por qué no, imprescindible el reconociminto de dicha diversidad al interior de los “equipos de trabajo”. A efectos de no continuar en un “como si” de la supervisión profesional”, creyendo defender un espacio profesional ganado. Sin temor de recaer en otra rutinización posible, se vuelve indispensable, por cierto, hacer hincapié en el análisis de estas cuestiones.

Trabajo Social se ha consebido, desde su origen, como disciplina auxiliar de profesiones ya instaladas e internalizadas por la sociedad, como la Medicina o la Abogacía. Esto está directamente emparentado con la construcción de una verdadera autonomía. Reconocer este antecedente y poder entenderlo, no sólo como obstáculo en el ejercicio de autonomía, sino también como traducción de una “mala costumbre” que resulta muy nociva para la construcción de la propia identidad profesional y que es posible que siente sus bases en el respeto por el accionar coherente del colega con quien se comparte la tarea diaria, implica una fortaleza que también hace a una parte intrínseca de la profesión, que distingue a Trabajo Social de otras disciplinas.

Concluyendo, podemos decir que, se torna imprescindible analizar y llevar a la práctica, el término elucidación acuñado por C. Castoriadis, y tomado por Trabajo Social como bastión de reividincaciones profesionales, lo cual favorecería nuevas conquistas, al tiempo que coadyuvaría a reafirmar posiciones ya ganadas.

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