Pueblos originarios de Argentina, Redacción

Juegos tradicionales entre culturas originarias del Sur de Argentina.

 

  • A qué jugaban los tehuelches.

A continuación, se describen algunas actividades lúdicas que realizaban las comunidades originarias de Argentina que habitaron el área Sur del país, entre ellas, el pueblo Tehuelche:

    Sacarle la cola al zorro

Es una especie de atletismo con vallas. Un niño lleva la cola de zorro colgada de su cintura. No debe dejarse atrapar. Los demás, a una distancia de 20 metros , esperan la orden de partida. Se realiza un circuito con obstáculos naturales a vencer: cuevas hechas con ramas para pasar reptando, zona en la que haya que saltar troncos, agua, etc. Gana el “zorro” si logra recorrer una distancia establecida previamente; ganan los “cazadores” si logran quitarle la cola antes de ello ocurra. Participan entre 20 y 30 niños.

Significado: la premisa religiosa de los pueblos amerindios dice: “NO SOMOS DUEÑOS DE LA NATURALEZA SINO PARTE DE ELLA”. Los mapuches desarrollaron una cultura panteísta a partir de los fenómenos naturales (puesta del sol, tormenta), los elementos (agua fuego, piedra) y los animales y plantas, que son vistos como aspectos significativos de un sistema de interrelaciones. El zorro es un cazador en acecho y emboscada, a diferencia del puma, que caza por ataque directo de carrera, salto y potencia. En este contexto se explican fácilmente los estereotipos del zorro como encarnación de la astucia y el puma como encarnación de la fuerza física. Según la concepción mapuche, en la confrontación entre fuerza y astucia prevalece esta última. Volviendo al juego descrito, a pesar de que el niño “zorro” sea elegido por sus características ventajosas, no siempre resulta vencedor; los mapuches también creen que la astucia del zorro puede llevarlo a subestimar las condiciones de su rival, colocándolo en una situación de omnipotencia.

    Yayaseis

Juegan seis personas agrupadas en tres parejas. Cada pareja corre transportando un tronco a distancia tal que se requiera desplegar gran resistencia, según las edades y las distancias a recorrer.

Significado: Los ganadores son premiados porque se los considera merecedores de hacer gala de su poderío físico. La fuerza y la resistencia física son aspectos muy valorados, ya que representan la posibilidad de subsistencia propia y de la tribu. No es casual la elección del número seis y de los pares. El número par es vital en la concepción mapuche. Se relaciona con la visión cósmica del equilibrio entre los contrarios, complementariedad entre equivalentes.

     Pillmantun

Dos equipos de 8 a 10 jugadores, identificados con una vincha de color. Los jugadores de cada equipo, dentro de un círculo marcado en el suelo, se hacen pases entre ellos con una pelota similar a la de handball. Con ella tratan de tocar a un jugador del equipo contrario por debajo de la pierna, el cual va siendo eliminado. Se obtiene la posición de la pelota cuando los jugadores del equipo contrario hacen sus pases. En ningún caso la pelota puede salir del círculo.

Significado: se valora en este juego su gran dinamismo, a la vez que la capacidad de adaptación a las circunstancias que permanentemente modifican el campo de acción. Para ello es necesario agudizar y desarrollar reflejos y la velocidad. Se lo considera como la puesta en práctica del instinto de cacería del hombre.

     Palín

Llamado “uño”, “palincantún” o “juego de la chueca”: consiste en una confrontación entre dos equipos de 10 o más jugadores cada uno, siempre que el número sea par. Se juega en una cancha rectangular de 100 metros x 60 metros aproximadamente, pero sin arcos. La línea de fondo de cada equipo es la meta que el contrario deberá alcanzar haciendo pases entre sí, de una pelota de cuero que antiguamente era de una madera muy dura similar a la de béisbol. Como detallábamos anteriormente, el elemento utilizado para trasportar la pelota es el uño, similar al palo de hockey. Tantas veces se alcanza la meta final, tantos goles a favor; si el equipo que marca está perdiendo, el tanto que se marca es restado al contrincante.

Todo este procedimiento se lleva a cabo en medio de un griterío que evoca manifestaciones de prácticas culturales, ceremonias y rituales: cabe destacar que en ese juego se necesita la autorización de los loncos “cabecillas” para comenzar.

Lo notable en este juego es que el que se lleva lo apostado o jugado es el equipo que pierde. La concepción mapuche de la fuerza o energía implica que el que la posee, como ganador, tiene en su posesión suficiente premio. Además, gracias al perdedor es consciente de ese vigor que le fue dado por los dioses y premiarlo es reconocerlo y agradecer.

 

     ALLÉL-KUZÉN

Intervenían dos hombres y dos mujeres “ellas contra ellos”.

Empleaban 4 huesitos, una de sus caras se pintaba con rayas y otros

diseños negros.

Un cuero vacuno servía a modo de mesa para arrojar los huesitos por

turno.

Al igual que en el juego anterior el puntaje variaba según las combinaciones

entre lisas y rayadas, y se iban sumando  los puntajes entre los integrantes

del mismo equipo.

 

  • Entre otros hábitos y costumbres que los aborígenes tomaron de los conquistadores figuran los juegos de azar, y entre ellos, el juego de cartas: los tehuelches los practicaban con barajas que ellos mismos preparaban curtiendo, cortando y pintando cuero de guanaco, y lo hicieron muy probablemente a partir de la interacción con los colonizadores, imitando juegos hispánicos que terminaron por imponerse en las tribus patagónicas.

Los tehuelches manejaron tanto la baraja española como la inglesa, pero especialmente la adornada con sus propios motivos. Las hacían con cuero de guanaco, de un tamaño de unos 8 x 5 centímetros. Igualmente incorporaron los dados que fabricaron con huesos de huemul. Las figuras se pintaban con una varilla, usando pigmentos minerales (piedras yama y  colo molidas) o simplemente, sangre y carbón amasados con grasa.

 

  • En el museo de Historia de Santiago, capital trasandina, hay un par de mazos de cartas indígenas que fue fabricado por el pueblo Aoniquén -tehuelches-. A pesar del desgaste ocasionado por el uso y por el tiempo, las figuras pintadas en rojo y azul se notan claramente. “Hay antropomorfos (figuras y situaciones que representan actividades humanas) y zoomorfos (costumbres de la vida de los animales) y otros figurativos con puntos, rayas y cruces”, se describe. En Argentina, además de los naipes de San Carlos de Bariloche, hay otros similares en el museo de La Plata, en Buenos Aires. Todos tienen, como denominador común a Santa Cruz en su origen. Entre los juegos estudiados, los investigadores se inclinan a pensar que los más antiguos fueron los juegos de tablero que jugaban posiblemente en el interior de sus viviendas. Se trata de juegos parecidos al ta-te-ti.
  • El juego Allilllim o Payana, sin ser originario de esta región solía jugarse en el sur de Argentina, con piedras o frutos de árboles.
  • El dado de Haichol (Neuquén), encontrado en una cueva de la Patagonia. Se trata de un cuerpo prismático, de cuatro caras triangulares; la quinta cara, o base, es plana y sirve de sustentación al objeto. Está teñido de óxido rojo de hierro. Cada una de las caras muestra un número de hoyuelos con forma de cono.

Dicen que el juego del dado Kechukawe (Kechu: cinco, Kawe: caras), consiste en arrojar el dado al aire, para ver qué número sale y se asocia mayormente, a juegos de tablero y de adivinación.

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