Redacción

L. B.

Durante otro de mis “vertiginosos veranos”, cierta tarde me encontré en casa con mi amiga Laura para pasar un rato juntas. A Laura siempre se le ocurrían ideas que rápidamente terminaban con la abúlica sensación de mis días.

Una vez, se le ocurrió que grabáramos un programa de radio, por supuesto ficticio, en una cinta de casete virgen. Entonces, nos pusimos en campaña para conseguir la plata y comprarlo. Cuando ya hacía un tiempo que veníamos con estas grabaciones y ya teníamos casi dos programas hechos, me dijo, de pronto, que ya no encontraba sentido a ese juego, porque en realidad nadie nos escucharía nunca. A mí me dio mucha pena darme cuenta de esto que era cierto. Sin embargo, entendí que Laura tenía razón y lo acepté. Entonces, automáticamente se terminaron las grabaciones, la selección de temas a tratar (que eran artículos que extraíamos de la revista Billiken) y la música cuasi desconocida, que iba desde la banda Promúsica de Rosario, hasta Juan Luis Guerra y los 440. Era una gran mezcla. La libertad misma guardada dentro de un casete en el que se escuchaba la voz y el ritmo de lo diverso.

Otra vez, Laura me propuso, en la terraza de mi casa, que cada una se alejara un rato de la otra para escribir un poema y así, después, los compartiéramos. Naturalmente, le hice caso. Y escribí un gran poema: “Amorío”.

En otra oportunidad, mi amiga tuvo el deseo de que fuésemos hermanas. Entonces, cada una se empeñó en conseguir un lápiz de labios rojo y una vez hecho esto asistimos a un ritual en el que unimos nuestras muñecas pintadas de rojo, cada una  con su labial. Así nos hermanamos en carne propia. Yo viví ese momento con mucha seriedad y supe que a partir de ese día, ya nada sería de la misma manera.  Que un lazo invisible me unía a Laura, más allá de mi entendimiento. Como ese inexplicable sentimiento que genera la hermandad.

Un día, Laura se me acercó y me dijo que ya no quería ser más mi hermana, que ese rito que habíamos vivenciado era una falacia y que teníamos que deshacerlo. Así procedimos. Confieso que a mí me cayó como una bomba, al tiempo que sentí cierto alivio, como si me sacaran un peso de encima…

Me fui por las ramas… Volvamos al principio: en otro de mis veranos de hastío, Laura tuvo la genial idea de que le escribiéramos una carta al autor argentino Pablo de Santis, director de una colección de novelas juveniles que leíamos por esa época. La carta la escribimos ‘mitiymiti’, de puño y letra de cada una. Consensuamos mandarla por correo postal desde mi domicilio, de modo que yo fuese la primera en recibir la respuesta pero con la condición de que Laura se quedaría con el original y yo con una fotocopia. Obviamente, esta pauta fue puesta por mi amiga y convenientemente aceptada por mí, dejando, como cada vez, que la ansiedad superara a mi astucia y primaria inteligencia.

Pablo de Santis nos contestó, al cabo de un tiempo. También de su propio puño y letra. Usó una hoja tipo Cánson de color rojizo o naranja fuerte, que todavía recuerdo porque lamenté mucho no poder conservar el manuscrito original. No obstante mi arrepentimiento, cumplí con lo previamente pactado.

El contenido de nuestra carta, casi no viene al caso. Se resume en unas cuantas frases en las que felicitábamos a Pablo de Santis, le comentábamos cuáles eran los títulos que ya habíamos leído, los que nos faltaban y hacia el final, le pedíamos un adelanto de próximas publicaciones. Él fue muy gentil, nos contestó todo con lujo de detalles. Nos reíamos con Laura, porque habíamos percibido en la escritura de Pablo de Santis, cierta estilística típica de un “escritor de LIJ”…

Pasaron varios años. Un día, cuando ya había terminado mi adolescencia, yo vivía aún en la casa de mis padres. Me enteré de que el mismísimo Pablo de Santis daría una conferencia en  un centro cultural de la localidad vecina. Era mi oportunidad de revancha. Sin pensarlo, acudí ese día y a la hora señalada. No escuché nada de todo lo que Pablo de Santis explicó acerca de su obra literaria y cuando todo terminó, lo intercepté antes de que cruzara la puerta y le dije, sin rodeo alguno, que yo le había escrito una carta con una amiga, cuando teníamos doce años y que él nos la había contestado. Para mi sorpresa, él se sonrojó bastante y me dijo que seguramente, la tendría guardada. Y creo que aprovechó que empezaba a garuar para apresurarse a salir y meterse en su camioneta e irse. Volví a casa corriendo contenta bajo la lluvia. Cuando volví a ver a Laura, le conté la hazaña. Sonrió, me abrazó y me dijo: -Qué suerte.

No hace demasiado tiempo, me tocó contraer una rara enfermedad, por la cual estuve muchos días internada. Pasé por todos lo estudios y tratamientos empíricos que se puedan imaginar. Laura llegó al sanatorio algunos días antes de que no quedase otra alternativa que trasladarme a terapia intensiva, para realizarme una nueva práctica. Casi chamanicamente y como psicóloga erudita que es, mi amiga me preguntó por qué yo creía que me había enfermado tanto, hasta quedar totalmente espástica, e hizo que le respondiera, a pesar de mi gran dificultad para hablar. Y yo asentí, como cada vez que ella me lo proponía. Y con una bronca terrible tracé las líneas de un test que ella me tomaba, para evaluar si se había afectado mi cognición. Sin embargo, había algo de su presencia que me hacía bien. Sus visitas eran tan cortas, como reconfortantes. Sus ojos celestes y sus manos frías me tranquilizaban…

Ya hizo un año de todo eso, de esos días de pesadilla. Hace un año que no veo a Laura. El otro día fue su cumpleaños. Le mandé un mensaje en el que decía, además de felicidades, que ojalá nos veamos pronto. -Ojalá así sea-, me contestó.

2 comentarios en “L. B.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s