Antropología, Museología

Museología y Antropología Social

INTRODUCCIÓN

Dos museos argentinos, el de “La Morgue” y el de “Ciencias Naturales de La Plata”. Cada uno, ubicado en un punto geográfico significativo: la Capital Federal y la Capital Provincial del país.

Concentraremos nuestra mirada en los aspectos constitutivos y característicos de estas instituciones públicas. Abordando las nociones de hegemonía, ideología y construcción del otro desde la disciplina antropológica, intentaremos describir y  conceptualizar las percepciones surgidas a partir de la visita realizada a ambos museos.

 

APROXIMACIÓN AL TEMA

Primera visita

 

“La Morgue funcionaba en la antigua Facultad de Medicina de la calle Junín, en el barrio de la universidad: un circuito demasiado céntrico para los muertos.”

  1. C.

 

De acuerdo a lo expresado por uno de los responsables de la visita al museo de la Morgue Judicial, “… en Museología no hay formación en ciencias naturales, no se ven animales, por ejemplo y éste es un museo de ciencias naturales…” [Sic][1]

El que dice las palabras introductorias antes de dejar al público libre para recorrer la muestra, es un médico. Pero al comenzar la recorrida nos encontramos con piezas, disecciones de cuerpos humanos. Entonces cabe preguntarse a qué se hace referencia cuando se relaciona a la museología con las ciencias naturales en este contexto. La museología, que es histórica desde nuestra perspectiva, se presenta aquí un tanto despojada de este adjetivo. Boivin, en la introducción al libro “Constructores de la Otredad” explica que a fines del siglo XIX “… el método de la Antropología fue el comparativo, método de moda en las ciencias naturales. (…) el Hombre era tanto cuerpo como espíritu. Como cuerpo pertenecía al mundo de la naturaleza; en tanto ‘espíritu’ pertenecía a otro mundo: al de la cultura.”[2] Siguiendo el método comparativo, encontramos que la cultura es entendida a través de un esquema evolutivo que clasifica a los hombres agrupados en estadíos de Salvajismo, Barbarie y Civilización[3]. ¿En qué compartimento colocar a los trozos de personas muertas que se exhiben en la Morgue?, ¿en cuál, si nos adentramos en el discurso del médico que nos recibió? Desandando sus palabras, dado que el museo es “de ciencias naturales” pero se exhiben humanos, las características del “salvajismo” nos darían la respuesta. La creación de este museo también data de fines del siglo XIX, cuando en Argentina se imponían las ideas del evolucionismo como parámetro de interpretación de datos socioculturales. En este caso la medicina legal, vinculada a la criminalística ha impregnado de esta ideología a las ciencias sociales, consideradas en principio paramédicas y parajurídicas. Hablamos de un modelo médico, que al exhibir pedazos de agentes dominados[4],  muertos en diversas circunstancias, nos sugiere que ellos y sus “desgracias” están naturalmente ligados, predestinados.

Durante la estadía en el museo también se dijo que “… lo que muestra la característica de muerte es todo un compromiso.” [Sic] ¿Qué caracteriza a la muerte en este contexto?, ¿Cuál es el compromiso al que se alude? Las nomencladoras junto a cada pieza parecen explicárnoslo, haciendo una breve referencia a las condiciones materiales de existencia de aquellos seres y a la indefectible causa de deceso. Estos cadáveres que son construidos por la diferencia, con ello nos muestran otro constructo, el de desigualdad social y de clase[5]: de nacionalidad, de género, de estado psíquico, de ocupación, de edad, de posición económica. Clases que se constituyen como minoritarias pero que aquí no interpelan al poder porque carecen de identidad en el papel, porque son NN y por tanto el Estado autoriza a que se muestren públicamente. Quizás allí nace el compromiso al que se hace alusión, la responsabilidad de mostrar la dominación sin consenso como patrimonio cultural de la Nación. Pero están las nomencladoras, que con sus pequeñas anécdotas, nos sugestionan acerca de cómo es la vida de quienes pertenecen a dichas minorías y de cómo terminan. No obstante, los espectadores, que aún estamos “vivos”, consensuamos al tiempo que resistimos[6] esta forma de exhibición con un modo particular de observar. Sin esquivar nuestro marco ideológico, sabemos que estos son marcos referenciales ineludibles. Nos reflejamos ya no quizás en aquellos “Exánime”[7] que se disponen alternadamente contra las paredes semicirculares, casi de coliseo. Hasta podemos llegar a verlo como morboso, o ridículo para nuestro tiempo presente. Pero si damos medio giro nos encontramos con aquellas vitrinas que enfrentadas al anticuario, nos apuntan como posibles consumidores de una cultura subalterna que sí aparece como amenazante. Entonces, nuevamente y reeditada sobreviene la criminalización de la pobreza, del extranjero limítrofe. Y nos volvemos de nuevo hacia la pared en medialuna, donde también se exponen métodos anticonceptivos femeninos, junto a cadáveres de bebés asesinados por sus madres dementes, según afirman las nomencladoras. Y vemos, con Deleuze, que “No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto.”[8]

El museo de la Morgue está abierto al público, como cualquier otro; con pedazos de muertos que hablan, que tienen mucho más para comunicar que sus identidades nomenclaturizadas.

 

 

 

 

Segunda visita

 

En el museo de Ciencias Naturales somos recibidos por una guía de sala, bióloga. A diferencia de la Morgue, aquí la guía acompaña el recorrido durante casi toda la visita. Ella nos muestra las exhibiciones, explicándonos cómo eran los animales prehistóricos y cómo se fue dando el desarrollo biológico del hombre. Sin embargo no termina allí el museo. En la planta superior hay salas en las que se hallan esqueletos humanos pero también producciones culturales de los aborígenes que habitaron y habitan la Argentina. Según García Canclini el poder de dichas producciones está condensado en aparatos culturales que en el capitalismo, son principalmente la familia, la escuela, los medios de comunicación, las formas de organización del espacio y el tiempo, instituciones y estructuras materiales a través de las cuales circula y se produce sentido. (Boivin. Op. Cit. Pág. 159)

Pero hay un punto en que la guía se detiene y omite contarnos un proceso de enfrentamiento que se dio entre la Universidad de La Plata y organizaciones aborígenes. Proclamándose “bióloga” deja en reserva su opinión y con ella la de los guiados, lo cual probablemente dé cuenta implícita de que esta disputa por el patrimonio, continúa y trasciende lo coyuntural.  No sólo en sentido material, sino además en lo que respecta a “formas ideológicas culturales [poder simbólico].” (Boivin, Op. Cit.), como se enuncia en el párrafo anterior.

Al empezar a caminar solos por la planta superior del museo, enseguida tomamos conocimiento, a través de un video, de cómo en un pasado no tan lejano se exhibía una momia indígena y por qué en el presente esta pieza se encuentra en falta, ya que fue restituida a la comunidad de origen. También nos enteramos de que una momia de las Islas Canarias (y la vemos), sí continúa formando parte del acervo, contando con el consentimiento de sus descendientes. Nos encontramos con “Imágenes y sentimientos de comunidad que se producen, contestan, difunden y modifican sobre este terreno [caracterizando] prominentemente a los proyectos para promover o resistir la unidad intelectual y moral que define una hegemonía efectiva.”[9]

En el texto “Patrimonios en Disputa” (Endere, María Luz. 2000) la autora da cuenta de cómo el Museo de La Plata, dependiente de Universidad Nacional de La Plata, alberga una colección de esqueletos indígenas de la Patagonia y La Pampa, que perecieron o fueron tomados prisioneros durante la conquista de sus territorios a fines del siglo XIX.

Contando con estos datos podemos volver sobre el concepto de proceso hegemónico. Será necesario, para esto, retornar también sobre el siglo XIX, situarnos en la expansión del control estatal a través de la interacción entre territorio y nación. “La incorporación de las áreas inicialmente no sujetas a las instituciones mediante la acción militar y la colonización, la mensura y el conocimiento material del espacio geográfico, así como la historización del territorio que vinculó la memoria colectiva a la tierra de los antepasados y convirtió a esta última en la base mítica fundamental de la pertenencia a la comunidad, fueron los ejes de la conversión de un espacio geográfico en <territorio nacional>.”[10] Hablemos entonces de control estatal como “memoria dominante” y de “comunidad” (Brow, J. 1990) como memoria colectiva. “La memoria es así un lugar importante de conflicto político y versiones del pasado rivales figuran prominentemente en lo que es útil describir, en el sentido abierto por Gramsci, como la lucha por la hegemonía.”[11] Con esto tiene que ver la disputa antes mencionada entre el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, como representación del poder estatal y las comunidades que han reclamado por la recuperación de lo que consideran componente ancestral de su trama cultural. Y con esto tiene que ver hasta dónde llegó la visita guiada y dónde comenzó nuestra observación solitaria y silenciosa. ¿Qué voz tendrá mayor caudal en el museo, la de la concepción biologisista de la historia, que enuncia al  otro por la diferencia; o la voz del consenso, que nos muestra al otro en desigualdad?

¿Qué conclusión?

“La historia de las luchas por el poder, y en consecuencia las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse.”

  1. F.

 

Exposición museística de “Individuos exóticos”. Nos enteramos de que en el siglo XIX, en las Repúblicas Coloniales europeas existían “zoológicos humanos”, (Bancel, Blanchard y Lamaire, 2000).

Hemos visitado en la República Argentina, en el año 2010, dos museos que exhiben la condición biológica y cultural humana.

Podemos decir que en la primera visita está fuertemente demostrada la tendencia positivista, evolucionista y racista, tan emparentada con la del siglo XIX. En cuanto a la segunda visita, pareciera que tenemos más elementos para abordarla, al poder describir una lucha simbólica que presenta el proceso hegemónico. Pero, siguiendo en la línea de análisis de los zoológicos humanos, “El vocabulario de estigmatización del salvajismo – bestialidad, tendencias sanguinarias, fetichismo oscurantista, necedad atávica- es reforzado por una producción iconográfica de una violencia inaudita- dando crédito a la idea de una sub humanidad estancada, humanidad de los confines coloniales, en la frontera de la humanidad y la animalidad.”[12] Estas categorías continúan presentes con mayor o menor crudeza en cada uno de los museos objeto de estudio.

¿Podrá servirnos este y otros acercamientos a los museos para aprehender desde una perspectiva crítica cada nueva visita?, ¿Seremos capaces de animar lo inanimado que se muestra en los museos, teniendo en cuenta la sustancia intangible de cada “cosa”?

En definitiva, luego de ahondar en la complejidad de estos dos antiguos museos, advertimos con Deleuze que, a través de los períodos de la historia que transitamos, ya no se trata de preguntar cuál régimen, cuál ideología es más dura, o más tolerable (Ferrer, 1991) ya que en cada uno de ellos hay y habrá enfrentamientos entre las liberaciones y las servidumbres.

Bibliografía empleada

  • Bancel, Blanchard y Lamaire:”Los zoológicos humanos de la República Colonial Francesa”. Le Monde Diplomatique. El Dipló. Agosto 2000

 

  • Boivin; Rosato; Arriba: “Constructores de la Otredad”. Ed. Eudeba. Año 1999.

 

  • Brow, J.: “Notas sobre comunidad, hegemonía, y los usos del pasado”. Antropological Quarlerly 63: 1. 1990.

 

  • Carman, M.: “Los elegidos”. Ed. Sudamericana. 2006.

 

  • Endere, M.: “Patrimonios en disputa: acervos nacionales, investigación arqueológica y reclamos étnicos sobre restos humanos”. Trabajos de Prehistoria. 57, nº 1, 2000.

 

  • Ferrer, C. (comp.): “El lenguaje literario”. Tº 2. Ed. Nordan. Montevideo 1991.

 

  • Foucault, M.: “Hermenéutica del sujeto”. Ed. Altamira. 1982.

 

  • Quijada, M.: “Nación y territorio: la dimensión simbólica del espacio en la construcción nacional argentina”. Siglo XIX. Revista de Indias, 2000, vol. LX, núm. 219.

 

  • Real Academia Española. Diccionario Panhispánico de dudas. dpd.rae.es

 

 

 

 

[1] Tomado de: notas de campo realizadas durante la visita.

[2] Boivin, M.: “Introducción. Fines del siglo XIX”. En: Constructores de la Otredad. Boivin; Rosato; Arriba. Ed. Eudeba. Año 1999. Pág. 11.

[3] Ibíd. Cap. 1. Pág. 28.

[4] “En la dominación propiamente dicha, el control es político y directo y se ejerce a través de la coerción y, en última instancia a través del recurso de la violencia física.” (“El concepto de hegemonía”. Op. Cit. Pág. 157)

[5] En este sentido, “El poder que se denomina hegemónico es un poder que se puede denominar ‘sutil’, simbólico o cultural. Es definido como un proceso de dirección política-ideológica-cultural, en el cual una clase o sector en alianza con otras clases […] logra una apropiación diferencial de las instancias de poder, …” (Ibídem).

[6] Boivin también señala que en el proceso hegemónico se admiten “… espacios donde los grupos subalternos [no hegemónicos] desarrollan sus prácticas independientes.” (Ibídem). La base de la relación entre estas dos clases “…es la apropiación desigual de los medios para producir sentido” (Ibíd. Pág. 158).

[7] En uno de los extremos del museo se halla una estatua de representación femenina con el grabado: exánime. Tomado de: notas de campo realizadas durante la visita. “(Del lat. exanĭmis). 1. adj. Sin señal de vida o sin vida. 2. adj. Sumamente debilitado, sin aliento, desmayado.”  Diccionario Panhispánico de dudas. Real Academia Española. En: http://www.dpd.rae.es

[8] Deleuze, G. “Programa. Posdata sobre las sociedades de control”. En: Ferrer, C. (comp.) El lenguaje literario. Tº 2. Ed. Nordan. Montevideo 1991.

[9] Brow, J.: “Hegemonía”. En: Notas sobre comunidad, hegemonía, y los usos del pasado. Antropological Quarlerly 63: 1. 1990. Pág. 7

[10] Quijada, M.: “Epílogo”. En: Nación y territorio: la dimensión simbólica del espacio en la construcción nacional argentina. Siglo XIX. Revista de Indias, 2000, vol. LX, núm. 219. Pág. 393.

[11] Brow, J.: Op. Cit. Pág. 5.

[12] Bancel, Blanchard y Lamaire:”Los zoológicos humanos de la República Colonial Francesa”. En: Le Monde Diplomatique. El Dipló. Agosto 2000 Pág. 23.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s